Via: Movilion
Los chicos y jóvenes de entre 5 y 20 años son el blanco de la industria móvil en todo el mundo. Mientras los números indican que representan casi el 30% del mercado, los ejecutivos sospechan que entienden más el negocio observando el comportamiento de sus pequeños hijos que en seminarios sobre estrategia de negocios.
Más de uno recuerda la película Big (“Quisiera ser grande”) en la que un chico hace una promesa y al día siguiente se levanta en el cuerpo adulto de Tom Hanks. Después de varias peripecias bizarras el personaje entra a trabajar en una compañía de juguetes, donde su empatía con este grupo demográfico lo hace ascender a la presidencia en tiempo record.
A esta altura, pocos padres se sorprenden al ver que el chico deja la TV y atraviesan el living, con pasos todavía inestables, para ir a prender la PC y entrar en el site del programa que veían dos minutos atrás. La palabra convergencia no significa nada para ellos, quizá porque son sus protagonistas.
Además del abismo generacional, el problema para operadores móviles, propietarios de contenido y anunciantes es que se vuelve difícil construir relaciones estables con este perfil “teen”.
Sus decisiones están fuertemente influidas por sus grupos de pertenencia y tienen una alta sensibilidad al precio. Pero por otro lado, los chicos tienen esa admirable capacidad para adoptar nuevas tecnologías. Y lo mejor de todo: más del 43% de sus consumos móviles son mensajes y servicios de datos.
El difundido youth marketing prescribe que la manera de darles a los jóvenes lo que quieren es preguntándoles, pero a veces las respuestas son difíciles de interpretar. La consultora Wireless World Forum llegó a algunas conclusiones poco alentadoras sobre la insatisfacción de los chicos con los servicios de descarga de música on-line.
Para ellos el tema (track) de música solo no es suficiente, en realidad lo más importante del servicio es su capacidad para explorar y compartir el contenido. Las tiendas de música y sus dispositivos móviles no son vistas como una mejor manera de compilar los “cassettes” o CDs, sino como una cosa social.
Otra característica poco auspiciosa es la casi nula conciencia de los chicos frente a la ilegalidad de sus acciones, más cuando se trata de adquirir algo que les da placer, como la música. Según un estudio de la revista británica sobre medios digitales New Media Age, los teens son ávidos consumidores de servicios móviles pero cuando tienen que pagar su entusiasmo cae a plomo.
En una encuesta a 1500 escolares adolescentes de 13 años encontraron que el 29% admitió compartir ilegalmente temas con amigos vía Bluetooth. Y que 45% de entre el resto admitió que no le parece mal hacerlo.
Hasta ahora, en la incipiente negociación entre operadoras móviles y marcas de consumo masivo fueron estas últimas las que aportaron el grueso de datos que permitió llegar al target joven.
Sin embargo, ya con un par de años de experiencia en servicios móviles de valor agregado, los carriers y los integradores de Latinoamérica acumulan un cuerpo de conocimientos específicos nada desdeñable. Y están dispuestos a hacerlo valer.
Salutes,
Yo.




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